LA IMPORTANCIA DE LA REVISIÓN ACADÉMICA POR PARES
La revisión académica por pares ("peer review"), es el proceso donde se somete la formación inicial y continua como criterio de calidad básico e imprescindible para ejercer una adecuada práctica clínico-asistencial y/o de investigación y/o de docencia y/o de gestión frente a nuestros propios referentes, es decir, los colegas con más experiencia. En particular en los Consejos Médicos de nuestro país, selectos por su alto perfil profesional e individual, para configurarse aptos para otorgar esta Certificación.
En Medicina, como en todo ramo de conocimiento sujeto a cambios científico-tecnológicos de vanguardia, la actualización continua es un derecho tanto del practicante como del paciente para que las decisiones que se tomen sean las mejores posibles; disminuyendo el riesgo de mal praxis como una consecuencia; en reconocimiento de que han existido, existen y existirán limitaciones propias de los avances médicos cuando los desenlaces por la pérdida de la salud personal o de un ser querido superan la capacidad del equipo responsable para preservar la función y/o calidad de vida, la cantidad en segundo término y/o garanticen una buena calidad de muerte.
En este sentido y aunque es una profesión llena de satisfacciones, se debe tener claro que a nivel de cada paciente, toda decisión clínica que norme conducta por sobre las decisiones que el equipo médico tomará para él son de alto impacto para esa persona y sus seres queridos, e idealmente deben ser tomadas por grupos ínter y transdiciplinarios para el cumplimiento de los estándares de calidad de cada especialidad.
Por esta razón, debe ser claro para todos, que la trascendencia de la certificación por pares y su mantenimiento vigente quinquenal no es un juicio ni un negocio, sino una oportunidad de mejorar; entender, interpretar y trasladar el estado del arte de la práctica de cada especialidad médica, en nuestro caso particular la Medicina Nuclear e Imagen Molecular y Teranosis; y la Medicina Nuclear Cardiológica por cardiólogos con esta alta especialidad; para corregir errores evidentes e implementar las fortalezas y respaldo necesarios en cada oportunidad clínica y/o de enseñanza y/o de investigación y/o gestión que se nos presente.
La evaluación por los Consejos Médicos tiene el propósito de proteger al médico y al paciente; reforzando la formación teórica, evaluar competencias técnicas, éticas y comunicativas promoviendo una cultura de evaluación que nos permita y acompañe en nuestro desarrollo profesional con la innovación educativa indispensable en la estructura orgánica de la Medicina centrada en fortalecer su pertinencia.
No se minimiza que los procesos de certificación y recertificación reflejan tensión individual y gremial en tanto el interés genuino y solidario de mantener la excelencia de cada profesional y cada especialidad como asociación; en el entendido de que todos los que elegimos, estudiamos y ejercemos la ciencias médicas con pasión y compasión, podamos alcanzar los estándares mínimos para certificar nuestras competencias, con la expectativa de mejorar cada día abonando a nuestra propia seguridad y de quienes servimos.
Es entendible que todo profesional con un grado académico otorgado por una Universidad de prestigio y una sede hospitalaria responsable de un programa de residencia médica de especialidad, con una duración mínima en Medicina Nuclear e Imagenología Molecular en nuestro país de 3 años; exponga reticencia frente a la demostración de sus capacidades ante una entidad externa que pudiera no avalar el grado recibido y que significa por sí mismo el cumplimiento de un programa de estudios, un sistema de calificaciones y trabajos entregados.
Resulta claro también, que todo es susceptible de recibir críticas, aceptar correcciones, discutir los temas, confirmar y/o corregir errores que pudieran tener impacto real en la práctica cotidiana en todas sus modalidades y que influyen tanto en la reputación personal como en el interesado último de todas las ciencias de la salud, el paciente.
En palabras del Dr. José Ignacio Santos Preciado, Presidente del CONACEM, "la cultura evaluativa debe integrarse desde la formación, no como un trámite posterior, sino como un proceso continuo que acompaña el desarrollo profesional".
Entrenar y re-entrenar nuestro juicio clínico, crítico y reflexivo, basado en la demostración continua de nuestros conocimientos y destrezas, mejora la capacidad de ejercer y enseñar, principalmente cuando se estructura con objetivos, retroalimentación y formalidad; tanto de residentes como de especialistas, altos especialistas y subespecialistas.